El parto

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Fecha de parto

 

A toda mujer embarazada le encanta saber qué cuentas hace su ginecólogo para programar con tanta exactitud su fecha de parto. En realidad, sus cálculos están basados en el calendario de fertilidad de una mujer a partir de su ovulación.

Se calcula que, a lo largo de cada ciclo, existen sólo 5 días fértiles: el de la ovulación,  dos días anteriores, y dos días posteriores a la ovulación.

Lo que el médico hace es tomar la fecha de la última menstruación (el primer día) y sumarle cuarenta semanas (280 días) o, lo que es lo mismo, diez meses lunares. Puesto que un embarazo normal dura entre 38 y 41 semanas, la fecha de parto se puede fijar con bastante precisión. Dentro de estas semanas, se considera un embarazo a “término”, éste concepto apunta al riesgo perinatal, es decir, el peligro de que el bebé enferme, o muera dentro del útero, o fura de él.

El nacimiento del bebé no está sometido a leyes rígidas, por lo que puede adelantarse, o retrasarse debido a múltiples factores. Además, no todas las mujeres tienen un período tan regular. De todos modos, ésta es la fecha que toma el médico como referencia para calcular la fecha de parto.

Otra forma de calcular la fecha probable de parto, es sumar 10 días a la  fecha de la última menstruación, y restarle 3 meses. Este cálculo, así como el anteriormente mencionado, tienen un margen de error de una semana antes, y una semana después de la fecha estimada de parto. En general, no existen graves riesgos hasta la semana 42 de gestación (294 días). Este es el margen que los médicos suelen tomar como límite para inducir o no al parto o cesárea, según el estado del bebé y de la mamá.

 

Inducción del parto

 

La inducción del parto es un procedimiento complejo que puede traer complicaciones en sí mismo, según el manejo del goteo en el suero de la parturienta. Es por ello los médicos suelen dudar bastante antes de aplicar la inducción. Siempre es mejor un parto lo más natural que se pueda, aunque inducirlo puede salvar vidas. El sufrimiento materno de un trabajo de parto prolongado siempre es mejor que el sufrimiento fetal por contracciones fuertes ante un goteo mal administrado. Pero estos casos son raros. No hay razones para temer a la inducción –salvo que te hayan comentado que puede ser dolorosa, pero esto es según las dosis y las circunstancias.

Aún se desconocen las causas que hacen que el parto no se produzca espontáneamente. Cuando se demora, existe una ansiedad generalizada, no sólo la mamá se pone nerviosa, si no que todos los que rodean a la mamá embarazada están preocupados, y le generan a la mamá más nervios que contención.

La inducción, la decidirá el obstetra para prevenir trastornos motivados por la deficiencia de nutrientes y de oxígeno que recibe el feto a través de la placenta.
Otra de las complicaciones que se presentan cuando se pasa la fecha probable de parto, es que el bebé continúa creciendo dentro del útero. Su peso al nacer, será más elevado que el peso normal de un bebé nacido a término (más de 4 kilos), y la mayor desproporción entre el tamaño de su cabeza y el tamaño de la pelvis de la mamá, aumentará considerablemente la posibilidad de cesárea.

Uno de los principales factores que definen la inducción, es la salud fetal. Si el bebé se encuentra en buen estado, puede intentarse la inducción del parto, administrando oxitocina o prostaglandinas, ambas sustancias provocan contracciones uterinas. Claro que antes de la inducción debe chequearse que el cuello del útero esté blando y dilatado, ya que si está inmaduro y sin dilatación, la inducción tal vez fracase, y deba realizarse una cesárea. Además, debe evaluarse el tamaño del bebé y su relación con respecto al tamaño de la pelvis de su madre.

En cambio, cuando el bebé se encuentra comprometido, habrá que evaluar sus posibilidades de afrontar un trabajo de parto, que será siempre controlado con monitoreos fetales durante todo el trabajo de parto, (desde las últimas semanas del embarazo,

estos monitoreos ya se realizan). En el caso de que la salud fetal se encuentre seriamente comprometida, conviene efectuar una cesárea, para que el bebé no tenga que soportar el esfuerzo que suponen las contracciones de parto.

Es muy importante la presencia del neonatólogo en un parto demorado, ya que el riesgo de que el bebé nazca con cierto grado de depresión respiratoria o con alguna complicación inherente al líquido meconial, es mayor. Durante mucho tiempo, a los bebés que nacían con líquido amniótico meconial, se les succionaba la boca, la nariz y la faringe antes de que respiraran por primera vez, para evitar que el líquido se trasladara a los pulmones. Hoy, la mayoría de los médicos neonatólogos y obstetras coincide en que esta maniobra, es innecesaria, e incluso perjudicial.

Actualmente, cuando el bebé nace, durante las primeras horas, una enfermera o el médico neonatólogo estarán atentos para detectar complicaciones en la regulación de la glucosa y el calcio, ya que en estos bebés suelen producirse episodios de hipoglucemia e hipocalcemia.

 

Ventajas de la ecografía

 

¿Cuáles son los métodos más confiables para calcular la fecha probable de parto? No cabe duda de que muchos embarazos aparentan ser más largo de lo habitual, por que en realidad se calculó mal la fecha de parto. A veces, por que la mamá no recuerda la fecha de su última menstruación, o por que era muy irregular en sus períodos menstruales.

Por este motivo, es muy buena la medida de efectuar una ecografía temprana, al inicio del embarazo. La ecografía es un estudio muy confiable, y durante el primer trimestre, permite establecer la edad gestacional con un margen de error inferior a una semana.